El uso del transporte público en escolares

Foto: Télam

El problema de la circulación de niños, niñas y adolescentes con motivo de la asistencia a las escuelas es objeto de debate en este contexto extraordinario, en donde se crean imágenes erróneamente polarizadas sobre la importancia de la educación presencial.

Mucho se insiste sobre los datos ligados a la circulación de alumnos y alumnas en transporte público, incluso se afirma que en los aglomerados urbanos la mayoría asiste caminando o por sus propios medios.

Las falacias del hombre de paja abundan, asumen ropajes variopintos pero exhiben con fuerza argumentos sino vacuos, imprecisos.

Es importante entonces saber la magnitud, al menos aproximada, a fin de valorarla epidemiológicamente. Según  los resultados definitivos del Censo de Matrícula Educativa 2017 de la Provincia de Buenos Aires, publicados en febrero de 2018 por  la Dirección Provincial de Estadística (Subsecretaría de Política y Coordinación Económica) del Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires:

En nuestra provincia, del total de la matrícula escolar (3.817.295), 981.814 niños, niñas y adolescentes (26%) asistían a las escuelas en transporte público.

Por sector de gestión, se observa que dentro de las escuelas estatales de gestión provincial  ese porcentaje asciende al 30% descendiendo al 18,1% en el caso de las escuelas de gestión municipal y al 18,5% en el caso de las escuelas de gestión privada.

¿Qué diferencias presenta el uso del transporte público para asistir a la escuela según los niveles? A nivel provincial, en 2017:

  • 91.235 niños y niñas que asistían al nivel inicial lo hacían en transporte público, representando al 13,3% de la matrícula total de ese nivel.
  • 297.679   niños y niñas que asistían al nivel primario  lo hacían en transporte público, representando al 18,4% de la matrícula total de ese nivel.
  • 464.191 adolescentes que asistían al nivel secundario lo hacían en transporte público, representando al 37,2% de la matrícula total de ese nivel.
  • 18.630 niños, niñas y adolescentes que asistían a escuelas especiales lo hacían en transporte público, representando al  24,9% de la matrícula total de esa modalidad de educación.

¿Qué colegimos de estos datos? Asumiendo que esta tendencia se ha mantenido en los últimos 3 años, podemos decir que es cierto que una minoría utiliza transporte público. Que es cierto que es más utilizado por quienes asisten a escuelas públicas y por quienes cursan el nivel secundario.

Ahora bien, ¿qué representa epidemiológicamente que casi un millón de alumnos y alumnas (sin contar a acompañantes) circulen en transporte público?; ¿qué representa que en nuestra pequeña región casi 64.000 lo hagan diariamente como algunos esperan?

Estamos viviendo una pandemia, contagiosa, grave, que muta, que se controla con aislamiento, distanciamiento, restricciones de contacto y circulación, con tapaboca-nariz y con la vacuna.

La población menor de 18 años:

  • no puede aún vacunarse,
  • se contagia,
  • cursa la enfermedad mayoritariamente de manera leve o asintomática,
  • transmite,
  • pone en riesgo la salud y la vida de otros/as.

La no presencialidad es un recurso que colabora con el control de la pandemia. Cabe entonces sopesar la pérdida que implica la virtualidad educativa y los efectos de  dinamizar la circulación.

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